lunes, abril 18

Ausencia

En aquella casa ya no vive nadie
y cada puerta es una ausencia,
cuando el corredor sangra su silencio
y el crudo invierno estalla en los cimientos,
 como el frío sudor del fuego seco.

En aquella casa vacía
–que solamente ven mis ojos-
supo una infancia, que fue cierta,
el juego fatal de la acuarela verde,
la esquina ancha, el postigón abierto,
y las cien mil largas siestas,
que una mano de ceniza hoy no apaga,
que una voz templada aún destierra.

Aquella casa es también el universo,
de un espejo gris, opaco y ceniciento
que sólo puede infringir de tiempo al cuerpo
tras la herida fina que aún lo mece,
el naciente ardor del llanto.

¡Quiero abrir esa puerta,
golpearla con mis puños cerrados de impotencia,
atravesar la atmósfera de polvo y telaraña,
 las sombras, los muros, todos los recuerdos!


Pero he arrojado un deseo en ti
para hacer brillar aquel recuerdo
y no hay olvido que hoy la noche pueda
 deshacer del azul creciente de tus manos,
la agonía inquebrantable que simula
el morir joven de un matarte necio.


Cederé cada mañana inútilmente
aquellos rostros de fantasmas incipientes
y en mis sueños soñaré las pocas cosas
que has dejado en los rincones del secreto,
cuidaré el nocturno de tus dedos
 y la eterna costumbre de citarte
por el centro infinito del desvelo.

Cuando por fin se apague la tarde,
en la pupila ciega de un pájaro tieso
devolveré los juegos y las voces
de los que negaban la ausencia de tus huesos,
y esparcían con nostalgia y con esmero
la imborrable presencia en los espectros.


En la quietud de un mediodía ingenuo
dormirán los anhelos del zaguán
para que otra vez resuene aquella llave,
con su metálico anuncio de regresos
como antes siempre, como nunca antes,
tarde pero infinitamente.

¡Quiero abrir esa puerta!
¡Golpearla con mis puños cerrados de impotencia!
¡Derribarla!

Pero ella permanece allí,
serena, cercana y cenicienta
testigo mudo que resurge de las grietas,
 en el recelo que aún no escribe ya su letra
tras la única sombra que dibuja 
 lo que nunca he tenido y tengo.

2 comentarios:

Dolores Reina dijo...

Es aquel lugar tan cercano a los recuerdos, tan ajeno a mi misma...
bellos versos, te invito a leer mis textos.
Dolores Reina

María Quevedo dijo...

¡Gracias Dolores!
Los leeré con gusto.
Saludos!