domingo, noviembre 13

Un recuerdo

En el mundo que sólo ven mis ojos, abiertos, apresurados, sombríos, quizá lejanos existe una hamaca. Se alza en lo gris de cierto parque, pese al verano, pese al verdor. Allí los perros, echados al sol y en su reflejo de sombra, la verja entreabierta de quien, en este momento, duerme su siesta.
Se ve la boina del hombre que sonríe de costado. Se ven también sus rodillas bajo una mano estirada por el vaivén cansino de la madera que cruje y lo adormece. 
Se ve la media tarde de verano irse tras el río, por el jacarandá y en el perfume de azahar que endulza hasta doler, paseo de la mano, sigilosamente y de regreso, por las vías del tren.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Cómo miran tus ojos el paisaje! ¡Y de qué modo tus palabras transmiten el color de tu mirada! Un recuerdo en blanco y negro -en grises- o en los colores que te prestan (conmigo lo hacen) las emociones...

Qué lindo leerte... Salud!

Marina

María Quevedo dijo...

¡Muchas gracias por tus palabras Marina!
Los colores que prestan las emociones, así es.
Un abrazo!